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martes, 31 de agosto de 2010

EL IMPERIALISMO HACE AGUAS EN ASIA CENTRAL.



En marzo de 2003 comenzó la invasión norteamericana a la nación iraquí bajo las acusaciones de poseer ocultas armas de destrucción masiva y conexiones entre Sadam Hussein y grupos terroristas. Frente a estas condiciones el gobierno de Bush y sus aliados, Asnar y Blair principalmente, prometían construir una democracia de tipo “occidental” que ya nos tienen acostumbrados en distintos países de Latinoamérica y el tercer mundo.
Por estos días finales de agosto de este año 2010, tras siete años de invasión, las tropas norteamericanas se retiran derrotadas sin poder cumplir su objetivo. Nada de paz deja esta invasión, pidiendo inclusive que se mantengan tropas imperialistas por parte del comandante del ejército iraquí; sin duda que su contacto con las fuerzas armadas imperialistas le han afectado puesto que este yanacona tiene pavor frente a lo que el pueblo iraquí resuelva.
Lo más probable es que un nuevo régimen teocrático o dogmático se hará del poder, puesto que la “democracia occidental” no existe en ninguna nación árabe de la región. La posesión del abundante petróleo iraquí fue lo que hizo desafiante a Hussein y provocó la sed de Bush y de Tony Blair, los cuales no dudaron en mandar a sus soldados a una guerra sin legitimidad ni en su misma patria, teniendo como saldo más de 4 mil soldados norteamericanos muertos. Sin embargo la retirada “oficial” de las operaciones de combate en Irak no significan el fin de la presencia yanqui en este territorio, puesto que permanecerán cerca de 50 mil soldados encargados de “aconsejar y ayudar al ejército iraquí”, aconsejar, dicho sea de paso, cómo matar a 1 millón de personas en siete años y como controlar las reservas de crudo de petróleo sin que la población local proteste.

La guerra en Afganistán y el papel de los comunistas.

La situación bélica en Afganistán no dista mucho de la de Irak, puesto que los EE.UU. no han podido cumplir con sus postulados sagrados de la guerra contemporánea: provocar enfrentamientos de corta duración (tras lo aprendido en su derrota en Vietnam), para evitar el reagrupamiento interno y las protestas internacionales. Las fuertes ofensivas militares llevadas a cabo con éxito desde la Guerra del Golfo en adelante (guerra que pasó a ser el paradigma de las invasiones en las dos últimas décadas) no lograron tener los efectos esperados para los imperialistas, ni en Irak ni en Afganistán. Sumémosle a eso que Afganistán es un país sumamente atrasado, donde las formas de producción capitalista prácticamente no existen y donde su suelo fue territorio de disputa para los mayores imperialismos en la segunda mitad del siglo XX: el imperialismo yanqui y el soviético.
El año de 1978 afectó fuertemente el movimiento popular y de liberación al mismo tiempo que sumió al país en una dependencia total al imperialismo. Esto puesto que en este año el Partido Democrático Popular (PDP), aliados de los socialimperialistas soviéticos se tomaron el poder. Este gobierno se encargó de adoptar las posiciones de los “soviets hinchas”, obedeciendo a los soviéticos y persiguiendo al movimiento popular para dejar libre el campo a la injerencia de la URSS (con un resultado de 13.500 muertos en diez años de guerra interna).
Fue bajo la ocupación soviética que los yanquis comenzaron la disputa del territorio mediante el auspicio de insumos y logística a los sectores más conservadores y reaccionarios de la población afgana, representados por ultra fundamentalistas que comenzaron a organizarse militarmente de manera clandestina para atacar al gobierno prosoviético. Estos grupos recibieron el nombre de mujaidines y hoy en día son quienes tras haber recibido instrucción y armamento de los yanquis se le han revelado para construir un Estado teocrático feudal. Con la presión de estos mujaidines, sumada a los sectores populares el gobierno pro soviético cayó junto a la URSS. Al mismo tiempo se fue fortaleciendo el poder de los talibanes, estudiantes de teología auspiciados fuertemente por los yanquis y que ahora han sido el “supuesto” blanco principal de los ataques norteamericanos.
Sin embargo no solo talibanes fundamentalistas retrógrados y reaccionarios existen en Afganistán. A diferencia de Irak en el territorio afgano existe una fuerte tradición de lucha comunista por una sociedad sin clases, pero que fue fuertemente sofocada por los aliados del imperialismo soviético desde fines de los ´70. Son estos sectores los que en el 2004 se aglutinaron en el Partido Comunista Afgano (maoísta) y que vienen anunciando el Inicio de la Guerra Popular en ese país contra los imperialistas y sus títeres de turno. Esta organización comunista clandestina no pretende aliarse ni con los ocupantes extranjeros ni con los grupos islámicos teocráticos y tiene bastante claro además, que las negociaciones de paz no son el camino para la victoria comunista, a pesar de que esta sea producto de un proceso prolongado esto no debe llevar a la desesperación entregista como ya se ha visto en el pasado (Nepal) y como se atisba en otras luchas.

Frente a la imperialista imposición de una democracia occidental títere y frente a una reaccionaria teocracia feudal los comunistas de Afganistán oponen la Guerra Popular, único camino de lucha de los pueblos frente al poderío bélico del imperialismo.

martes, 8 de septiembre de 2009

VIETNAM A 40 AÑOS DE LA MUERTE DE HO CHI MINH


VIETNAM
A 40 AÑOS DE LA MUERTE DE HO CHI MINH
Tío Ho, el patriota que ilumina
Nació en Annam en 1890. Su verdadero nombre era Nguyen Tat Than, pero la clandestinidad de toda la vida le obligó utilizar más de cien apodos diferentes para escapar de la persecución policial. El nombre de Ho Chi Minh significaba El que ilumina; otras veces se hizo llamar Nguyen Ai Quoc, El patriota.
Era hijo de un médico herborista de Nghe An, enemigo del colonialismo francés, que había invadido Vietnam en 1860. Estudió en Hué y Saigón, hasta que en 1912 emigró como mozo en un paquebote francés. Fue un largo viaje de veinte meses de puerto en puerto hasta que arribó a Londres, donde trabajó en el hotel Carlton durante tres años.
De allí fue a París, donde trabajó como retocador de fotografías. Conoció a Chou En Lai, León Blum, Marcel Cachin y Longuet (sobrino de Carlos Marx), entre otros destacados dirigentes del movimiento obrero internacional. Se afilió al Partido Comunista Francés, adherido a la Internacional Comunista. Comenzó a escribir en L'Humanité, y luego fundó el periódico El Paria, donde escribirían varios dirigentes revolucionarios de las colonias.
De París se trasladó a Moscú, donde participó en varios Congresos de la Internacional Comunista. Más tarde viajó a China como traductor y ayudante de Borodin, consejero del Kuomintang.
Se incorporó a la escuela militar de Huangpu, donde aprendió el arte de la guerra revolucionaria. El director era el coronel Chiang Kai Shek y el jefe del departamento político era Chou En Lai. En 1927, cuando Chaing Kai Shek traicionó a la causa revolucionaria con una enorme matanza, Ho consiguió huir y siguió en la clandestinidad organizando la revolución en Birmania, impulsando huelgas, motines y levantamientos armados en China, en Siam, y pasando de cárcel en cárcel y de tortura en tortura.
En 1930 Ho Chi Minh fundó en Hong Kong el Tanh Nien o Partido Comunista de Vietnam. Fue detenido una vez más.
Durante la segunda guerra mundial Japón ocupó Vietnam. Ho regresó clandestinamente a su país 28 años después de su partida y luchó en la guerrilla durante cinco años.
Hacia fines de la guerra mundial funda el Vietnam Doc Lap Dong Minh Hoi (Frente para la liberación de Vietnam), más conocido por Vietminh. También crea un ejército guerrillero dirigido por Vo Nguyen Giap, uno de los generales revolucionarios más brillantes del mundo.
Concluida la guerra y derrotados los japoneses, los planes imperialistas para la región no contemplaban la independencia sino un nuevo reparto del mundo, que en el caso de Vietnam suponía que los nacionalistas chinos del Kuomintang ocuparían el norte del país, mientras los ingleses el sur. Pero los franceses querían recuperar sus dominios coloniales y volvieron a invadir el país, mientras los guerrilleros vietnamitas rechazaron a los chinos en el norte y liberaron aquella zona.
El 2 de setiembre de 1945 Ho Chi Minh lanzó su llamamiento: "Desde hace más de ochenta años la banda de colonialistas franceses, bajo los tres colores que simbolizan la libertad, la igualdad y la fraternidad, ha ocupado nuestro territorio y oprimido nuestro pueblo. [...] Los franceses no nos han dado ninguna libertad política, han instituido una legislación bárbara, han creado más prisiones que escuelas, han ahogado en sangre todas nuestras revueltas, han pisoteado la opinión y utilizado la sangre y el alcohol para embrutecer a nuestro pueblo".
El Vietminh organizó la insurrección general, logró la independencia nacional y fundó la República Democrática de Vietnam.
Al retornar los colonialistas franceses se desató una nueva y cruenta lucha del pueblo vietnamita que se prolongó nueve años. Francia, cunado comenzó a perder la guerra, pidió y obtuvo el apoyo norteamericano. Pero no sirvió de nada. En 1954 los franceses son derrotados en la batalla decisiva de Dien Bien Phu. Dieciocho millones de compatriotas saludaron a quien había abierto la brecha de la liberación social y nacional. Ya era para todo el pueblo el tío Ho.
A la guerra contra Francia sucedió la guerra contra Estados Unidos, por lo que los vietnamitas derrotaron sucesivamente a tres de las potencias imperiales más poderosas: Francia, Japón y Estados Unidos. Estos no escatimaron medios de destrucción masiva y bombardearon cruelmente Vietnam del Norte: "Derrotados los yanquis -diría Ho- construiremos una patria diez veces más hermosa. Nuestro país tendrá el señalado honor de ser una pequeña nación que, a través de una lucha heroica, ha derrotado a dos grandes imperialismos- el francés y el norteamericano- e hizo una digna contribución al movimiento de liberación nacional".
El nunca tuvo un momento de inquietud por la gigantesca desproporción de fuerzas. Como buen revolucionario sabía que un ejército popular es superior al mejor ejército moderno. Desde el principio de la intervención declaró que los Estados Unidos no serían capaces de soportar una guerra popular prolongada: "En la lucha patriótica contra la agresión norteamericana, en realidad tendremos que soportar más dificultades y sacrificios, pero estamos seguros de que obtendremos la victoria total". Esta fue siempre para él una certeza absoluta.
Sus predicciones se cumplieron, aunque Vietnam tuvo que soportar años de atrocidades contra su población. El territorio fue convertido en campo de experimentació n de armas sofisticadas y de criminales bombardeos contra la población indefensa. Muchas décadas después de la humillante retirada de Estados Unidos de Vietnam el 30 de abril de 1975, el país aún sufre las secuelas de la agresión. Desde 1961 hasta 1973, el Pentágono arrojó sobre Vietnam y el vecino Laos más de siete millones de toneladas de bombas y 100.000 toneladas de sustancias químicas tóxicas. Sobre Vietnam se descargaron más bombas que las arrojadas durante la segunda guerra mundial. En la guerra murieron cinco millones de vietnamitas y 58.000 estadounidenses. Millones de personas padecieron y todavía padecen los efectos del agente naranja, un potente defoliante que tenía como objetivo arrasar por completo la jungla del país para aislar a los guerrilleros. Washington lanzó sobre un cuarto del territorio del país unos 80 millones de litros de defoliante y napalm.
Ho Chi Minh murió en Hanoi, hace ya cuarenta años, el 3 de setiembre de 1969. En su testamento dejó escrito: "Durante toda mi vida, he servido con todas mis fuerzas y con todo mi corazón a la Patria, a la Revolución y al Pueblo. Ahora, si debo partir de este mundo, no hay nada que sienta más que no poder servirlos más tiempo". El proceso liberador continuó. Cuando seis años después de su muerte, los patriotas del Vietcong terminaron de derrotar y expulsar a los invasores norteamericanos, los tanques llevaban una pancarta: "Siempre marchas con nosotros, Tío Ho".


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