
El asesinato de los hermanos Vergara en aquel 29 de marzo pudo haber sido uno más de los crímenes del Dictadura fascista iniciada hace ya 38 años; pero tímidamente en los años ´80 su asesinato se transformó en una fecha de protesta popular de diversas organizaciones y sectores del pueblo y en esto la Luisa no se quedó atrás. A quién quiera escuchar describe, representa y hace vibrar con el proceso en el cual esta madre pasa desde la Juventud Obrera Católica y la Iglesia comprometida, aquella del Cristo Pobre y Liberador, a ser un referente para las nuevas juventudes combativas y en especial para el combativo pueblo mapuche.
Con un cuidado trabajo sonoro, de ornamentación y musical la obra tiene numerosos momentos de estremecimiento y ternura, de desgarro y sufrimiento, pero sobretodo de un derroche de amor por el pueblo. Amor que durante los ´80 se cobijó al alero de lo posible, de la Vicaría, al igual como muchos otros, pero que con el correr de la lucha se transformó en uno de los pocos casos que no se tragó el cantar de la alegría que con sus billetes de “reparación” pudieron hacer callar los gritos de esta madre que transformó a sus hijos en hijos del pueblo.
En este nuevo 11 de septiembre difícilmente podríamos sentirnos orgullosos de algo en ese proceso de tantos traspiés para el campo popular, pero sin duda que experiencias de lucha como la que se refleja en la vida de la Luisa son semillas en campo fértil si son bien abonadas. La lucha de clases, la lucha popular, tiene un buen reflejo y esta obra invita a entender los procesos más allá de determinadas fechas, llama a entender la lucha en el Chile actual donde las figuras del Eduardo, el Rafa y el Pablo se transforman en las de Cisternas, Catrileo o Lemún.
HERMANOS VERGARA LA LUCHA NO SE ACABA.
SÓLO LA LUCHA NOS HARÁ LIBRE.
No hay comentarios:
Publicar un comentario